Tradicionalmente las plazas de mercado, los centros comerciales y las tiendas de barrio; entre otros, han sido los escenarios donde productores y consumidores han interactuado para intercambiar bienes y servicios, aunque con una generación de valor muy limitada, debido a los altos costos de producción, distribución y venta implícitos en esta forma de interacción. Estos escenarios han evolucionado muy rápidamente en plataformas digitales que permiten interactuar a productores y consumidores, generando cada vez más valor entre ellos. Dicho valor se traduce, no solo en el enorme alcance y cobertura que estas tienen, sino en la gran velocidad y eficiencia de las interacciones que se realizan entre las partes; generando beneficios mutuos todo tipo, incluyendo aumento de ventas, reducción de costos, diferenciación de productos y servicios, optimización de procesos y transformación cultural; a través de modelos de negocio disruptivos. De otro lado, las tecnologías de la cuarta revolución sobre las cuales están soportadas las plataformas digitales, están cada vez más disponibles y a unos precios asequibles, reduciendo significativamente la brecha de oportunidad entre las grandes y las pequeñas empresas: Las grandes empresas, por una parte, con productos consolidados en el mercado, tienen la posibilidad de transformarse y evolucionar al concepto de plataforma, con la oportunidad de promover una inmensa variedad de interacciones con sus clientes y con la capacidad de crear comunidad con ellos, involucrándolos de forma temprana desde la ideación de nuevos productos y servicios, la creación conjunta; hasta el mejoramiento continuo de los mismos; llevando incluso a las empresas a descubrir nuevos modelos de negocio. Por su parte, las pequeñas y medianas empresas, además de los beneficios mencionados anteriormente, tienen la gran oportunidad de ganar participación en un mercado globalizado, y de escalar a una gran velocidad, a unos costos marginales. En ambos casos, el factor clave de éxito no está en la tecnología que utilicemos, sino principalmente en el diseño que se logre de la plataforma, a través del establecimiento de un círculo virtuoso de retroalimentación auto regulado, en donde el crecimiento de la misma y el control de calidad estén siendo conducidos por la misma comunidad, y el valor generado por las interacciones entre las partes aseguren un mayor consumo, y por ende a una mayor producción; y viceversa.

Referencias: The Business of Platforms: Strategy in the Age of Digital Competition, Innovation, and Power by Michael A. Cusumano, Annabelle Gawer and David B. Yoffie Platform Revolution: How networked markets are transforming the economy – and how to make them work for you by Geoffrey G. Parker, Marshall W. Van Alstyne, and Sanger Paul Choudary.

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